Oficio de tinieblas

Oficio de tinieblas
sclc/vlátido

jueves, febrero 24, 2005

Círculo vicioso

· Círculo vicioso



Silencio: solamente se escuchan las gotas que desafían la gravedad (pobres, ineluctablemente caen al piso). Serenidad, murmullos lejanos, calor, perros en las calles olisqueando basura. Esbozos de placer.

Eso ocurre cuando no hay nadie en casa, cuando, además, no hay energía eléctrica. Entonces divago: el protestantismo es una condición del capitalismo: volvámonos protestantes.

El catolicismo fue la condición del feudalismo: vivimos atrapados en atavismos, en el eterno subdesarrollo.

La religión tiene un plan definido: el mundo se va a acabar, sólo la ciudad de Dios se salvará: etérea.

El sistema moldea al hombre para consumir, para lanzar loas y largas vidas al capitalismo. Dudo: ¿soy ateo?

La historia se disfraza de héroes, de grandes personajes a quienes les debemos nuestra identidad: pleitesía, recuerdos rosas.

La libertad es una mentira: Televisa o TV Azteca.

En la lucha libre los costalazos son puras mentiras: circo, sangre, espectáculo, morbo.

Los Sex Pistols fueron un fraude: el punk se vició de origen.

Dios no existe: existamos.

Ya se acerca del día de la familia: hay que mantener el consumismo, inyectar dosis de necesidades falsas.

América para los americanos: en el Norte la paga, en el sur las maquilas.

La realidad es un mito.

Un televisor encendido: mi mente en blanco. (Otra vez la energía eléctrica, dejo de divagar).

mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, febrero 10, 2005

Diletante

· Diletante



Traigo cinco pesos para gastarlos en chicles. Es una fortuna. Lo que voy a hacer es gastar dos pesos y me sentaré, en la banqueta, frente a algún aparador, a ver la televisión. Es noche mexicana, noche de fiesta. Desde las siete empezó la feria de goles. Fox Sport transmitió desde la altura del Cusco el partido de las sagradas Chivas Rayadas del Guadalajara (mi equipo, sí, lo sigue siendo aun con los Jaguares). Es un orgullo ver al mexicanísimo rebaño, fundado por franceses y cuyo uniforme recuerda, al menos en colores, al país galo. (A mí, la verdad, qué me importa). Con el chicle en la boca, haciendo bombitas y reventándolas de manera estruendosa, me levanto para decirle al dependiente que le cambie al televisor porque va a empezar el partido de la selección. Emocionado, aquel, sintoniza tvazteca y se pone firmes porque están cantando el himno nacional mexicano. Yo ni siquiera lo tarareo por dos cosas: una, tengo una voz feísima y me da mucha pena cantar (ja, ja, no se rían); y la otra nunca me lo aprendí o, mejor dicho, sufro de amnesia cuando lo escucho, así sea lunes. A los diez minutos México ya va ganando dos goles a cero y la gente se apiña frente al escaparate este donde estoy sentado, gritando los goles. Que le cambie al de las Chivas, pedimos: ¡oh, sorpresa!, van goleando. Me quedan tres pesos que, como dije, tenía destinado para comprar chicles. Mejor compro un cigarro. Gasto dos de mis tres pesos. Van a dar las nueve y tengo que comprar un disco y también un libro. Camino sobre la Avenida Central, tranquilo, con la confianza de un triunfo seguro de la selección mexicana y de las Chivas. (Al otro día me entero, para más beneplácito, que ambos ganaron, por fin). Entonces camino y entro en una tienda de discos. Después de tanto ver quiero comprar uno de La Barranca, donde viene la rolita Día negro (hoy no es un día común…). Ya lo tengo en la mano pero me encuentro a un cuate, me dice que tiene ese y más de La Barranca y que me los va a prestar todos. Dejo, pues, el disco; quiero comprar otro pero ya vi tanto que mi ojo ya se cansó, o sea, que no sé qué comprar. Sí me entienden, ¿verdad? Antes de que cierren la librería entro corriendo a preguntarle al que ahí atiende si tiene un libro de Guillermo Fadanelli, me pregunta cuál, le respondo que el que sea (me quedé en blanco, no recordaba ningún título). La otra cara de Rock Hudson, así se llama el fadanellibook que compré. Lo voy a llevar a mi casa para ponerlo en la lista de espera, es que estoy leyendo otros que pretendo terminar rapidito, porque ya empezaron mis clases. Quiero tomar la combi, hurgo mis bolsillos, encuentro un chicle envuelto, una moneda de un peso y dos billetes de 50. Traía sólo cinco pesos en la bolsa, ya gasté cuatro en chicles y cigarros. ¿De dónde saqué lo demás? Saber. Que incoherente es a veces la realidad, ¿no? Además, otra vez estoy escribiendo corriendito, pero ahora sí le puse comas, para que se detengan, je.



mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, febrero 03, 2005

La historia y la ficcion

∑ La historia y la ficción

Vladimir González R.


Habrá distintas maneras de contar la realidad, de reinventarla. La novela histórica, con todo y sus limitaciones, es de esas propuestas para rescribir la historia, para volver a contarla, para reinventarla.

Dicen que la novela histórica se mantiene en el limbo de la literatura y la historia, nadie la quiere agarrar, hacer suya. Tengo la impresión de que los historiadores no le entran porque la historia, dicen, debe ser una ciencia y basarse, claro está, en un método científico. Y a los literatos les puede parecer aburrida porque, al basarse en hechos históricos, se constriñen a la veracidad de los mismos, y no a la ficción.

En el siglo XIX la historia se escribía de acuerdo al positivismo, en boga para entonces. Con el positivismo se pretendía hacer un relato exacto de la realidad, reproducirlo fielmente, sin ninguna explicación. De ahí nace la idea de la historia narrativa, la que sólo se cuenta.

La literatura recorría esos mismos caminos. La novela pretendía ser realista, reflejar la realidad. Por eso la novela histórica proliferó. Muchos relatos literarios se situaban en espacio y tiempo histórico, trataban de contar la realidad.

La novela histórica contemporánea ya no es la misma que la decimonónica. Ahora, con la nueva novela histórica y con el olvido del positivismo entre los historiadores, la historia y la literatura se pueden unir para inventar la realidad, o para hacer realidad la ficción.

Una de las características de la nueva novela histórica es, precisamente, la manipulación conciente el pasado. Claro, queda de cada historiador o escritor contar la historia de la manera que mejor le plazca.

Lo importante, creo, es que el lector de la novela histórica sea conciente de que se enfrenta a un documento literario e histórico, es decir, que no asuma como una verdad indiscutible lo que ahí lee, ni que estalle en ira por las aventuras o pequeñas mentiras que, de acuerdo a las necesidades del texto, invente el escritor.

Además, como dijo Borges, la historia es un subgénero de la ficción.


mentas: vlatido@yahoo.com.mx