Oficio de tinieblas

Oficio de tinieblas
sclc/vlátido

jueves, marzo 17, 2005

Porno star

 Porno star


 Una mujer no sabe su desgracia: su marido la engaña, desde hace años, con otra más joven que ella. Llega al set de televisión y se encuentra a su rival confesando el profundo amor que le guarda a su hombre. Todos sabemos de lo que se trata, menos ella. Al enterarse se pone a chillar, se desnuda, la desnudan. 

         Quiero cambiar el canal, desintonizarme. Busco salir. Abordo un taxi y el chofer, con ganas de platicar, comienza a contarme su vida. “Aquí, a la vuelta, viven mis hijos con mi ex mujer. Sólo vengo por ellos, a dejarles dinero. Soy feliz con mi nueva esposa”. 

         En el trayecto, ya sobre el libramiento, termina de hablar. Tal parece que es su discurso, su historia encapsulada, la que vende a tragos a sus pasajeros. A cuenta gotas se quita y se pone máscaras, se exhibe. 

         Entro en una cantina y se escucha al Buki (si no te hubieras…). Risotadas, miradas atentas, extrañas, perdidas. En una mesa una pareja discute sus problemas. Beodos ambos. Se pelean entre gritos que al instante ansían reprimir. A ella la abandonan; gimotea, primero, llora, después, y deja la cantina cubriéndose el rostro. 

         La calle, la tele, las circunstancias los desnudan. Todos se vuelven actores que exponen, que exhiben sus pasiones como si exhibieran sus carnes. Algunos se entrenan (en la televisión ensayan sus poses, sus llantos, aprenden a mirar a la cámara); otros no tienen salida (la monotonía del trabajo, el taxi, la oficina).  

         El gran cine es la ciudad. Hay cientos de escenarios propicios para contar penas, para actuarlas. Actores todos porque también hay cámaras escondidas, oídos atentos, miradas inquisitivas. 

         También este texto es porno. (Y la noche del concierto de los Tigres del Norte).        

mentas: vlatido@yahoo.com.mx

miércoles, marzo 09, 2005

Periodismo gore

· Periodismo gore



A los cadáveres solamente los he visto en fotografías. Bueno, confieso, una vez iba caminando rumbo a mi casa y en el Sabinal vi a un hombre que, según yo, estaba durmiendo. Al otro día, noticia de contraportada: “Lo encontraron muerto en el Sabinal”. Algo así decía. Y sí, la foto era de ese pobre bolenco.

En los periódicos sigo viendo cadáveres, hombres y mujeres que alguna vez, en vida, gozaron de la humedad libertaria. Los diarios se han vuelto carniceros. Ofrecen panza, pata, hígado, tasajo y si va usted a querer sus tacos con doble tortilla. Los clientes piden monte en exceso y también una salsa que pique. Y si hay un consomé es bueno para el descrude.

El negocio es añejo, pero no deja de ser redituable. Es el morbo.

Mujeres desconocidas que son halladas en las alcantarillas, con historias que todos se imaginan pero que nadie afirma; más morbo. Hombres de rostros desfigurados, irreconocibles; adolescentes con la lengua de fuera pendiendo de una soga: sangre por todos lados.

El tren que degüella a los transmigrantes, el alcohol que maneja los destinos, los hilos, de los conductores; los celos que preparan la hoz, el desquicio, la enfermedad, la locura. Motivos hay muchos, sí que los hay. Y ellos lo saben.

Mientras, seguiré viendo un montón de fotos: tripas, vísceras, sangre: el mercado.

Periodismo gore, deberían decirle.


Xerox revenge chiapaneco

Más locos y cargados de batacas regresaron de Veracruz los del Xerox revenge, movimiento fanzineroso que sobrevive en las cloacas de Mi oficina (o cualquier otra, lo mismo da. Vientos pinchequijote por Léase: escribir…). Fueron allá a leer sus textos y, supongo, a dejarse consentir por esa vieja alcahuete a la que llaman calor.

mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, febrero 24, 2005

Círculo vicioso

· Círculo vicioso



Silencio: solamente se escuchan las gotas que desafían la gravedad (pobres, ineluctablemente caen al piso). Serenidad, murmullos lejanos, calor, perros en las calles olisqueando basura. Esbozos de placer.

Eso ocurre cuando no hay nadie en casa, cuando, además, no hay energía eléctrica. Entonces divago: el protestantismo es una condición del capitalismo: volvámonos protestantes.

El catolicismo fue la condición del feudalismo: vivimos atrapados en atavismos, en el eterno subdesarrollo.

La religión tiene un plan definido: el mundo se va a acabar, sólo la ciudad de Dios se salvará: etérea.

El sistema moldea al hombre para consumir, para lanzar loas y largas vidas al capitalismo. Dudo: ¿soy ateo?

La historia se disfraza de héroes, de grandes personajes a quienes les debemos nuestra identidad: pleitesía, recuerdos rosas.

La libertad es una mentira: Televisa o TV Azteca.

En la lucha libre los costalazos son puras mentiras: circo, sangre, espectáculo, morbo.

Los Sex Pistols fueron un fraude: el punk se vició de origen.

Dios no existe: existamos.

Ya se acerca del día de la familia: hay que mantener el consumismo, inyectar dosis de necesidades falsas.

América para los americanos: en el Norte la paga, en el sur las maquilas.

La realidad es un mito.

Un televisor encendido: mi mente en blanco. (Otra vez la energía eléctrica, dejo de divagar).

mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, febrero 10, 2005

Diletante

· Diletante



Traigo cinco pesos para gastarlos en chicles. Es una fortuna. Lo que voy a hacer es gastar dos pesos y me sentaré, en la banqueta, frente a algún aparador, a ver la televisión. Es noche mexicana, noche de fiesta. Desde las siete empezó la feria de goles. Fox Sport transmitió desde la altura del Cusco el partido de las sagradas Chivas Rayadas del Guadalajara (mi equipo, sí, lo sigue siendo aun con los Jaguares). Es un orgullo ver al mexicanísimo rebaño, fundado por franceses y cuyo uniforme recuerda, al menos en colores, al país galo. (A mí, la verdad, qué me importa). Con el chicle en la boca, haciendo bombitas y reventándolas de manera estruendosa, me levanto para decirle al dependiente que le cambie al televisor porque va a empezar el partido de la selección. Emocionado, aquel, sintoniza tvazteca y se pone firmes porque están cantando el himno nacional mexicano. Yo ni siquiera lo tarareo por dos cosas: una, tengo una voz feísima y me da mucha pena cantar (ja, ja, no se rían); y la otra nunca me lo aprendí o, mejor dicho, sufro de amnesia cuando lo escucho, así sea lunes. A los diez minutos México ya va ganando dos goles a cero y la gente se apiña frente al escaparate este donde estoy sentado, gritando los goles. Que le cambie al de las Chivas, pedimos: ¡oh, sorpresa!, van goleando. Me quedan tres pesos que, como dije, tenía destinado para comprar chicles. Mejor compro un cigarro. Gasto dos de mis tres pesos. Van a dar las nueve y tengo que comprar un disco y también un libro. Camino sobre la Avenida Central, tranquilo, con la confianza de un triunfo seguro de la selección mexicana y de las Chivas. (Al otro día me entero, para más beneplácito, que ambos ganaron, por fin). Entonces camino y entro en una tienda de discos. Después de tanto ver quiero comprar uno de La Barranca, donde viene la rolita Día negro (hoy no es un día común…). Ya lo tengo en la mano pero me encuentro a un cuate, me dice que tiene ese y más de La Barranca y que me los va a prestar todos. Dejo, pues, el disco; quiero comprar otro pero ya vi tanto que mi ojo ya se cansó, o sea, que no sé qué comprar. Sí me entienden, ¿verdad? Antes de que cierren la librería entro corriendo a preguntarle al que ahí atiende si tiene un libro de Guillermo Fadanelli, me pregunta cuál, le respondo que el que sea (me quedé en blanco, no recordaba ningún título). La otra cara de Rock Hudson, así se llama el fadanellibook que compré. Lo voy a llevar a mi casa para ponerlo en la lista de espera, es que estoy leyendo otros que pretendo terminar rapidito, porque ya empezaron mis clases. Quiero tomar la combi, hurgo mis bolsillos, encuentro un chicle envuelto, una moneda de un peso y dos billetes de 50. Traía sólo cinco pesos en la bolsa, ya gasté cuatro en chicles y cigarros. ¿De dónde saqué lo demás? Saber. Que incoherente es a veces la realidad, ¿no? Además, otra vez estoy escribiendo corriendito, pero ahora sí le puse comas, para que se detengan, je.



mentas: vlatido@yahoo.com.mx

lunes, febrero 07, 2005

vvv

boatz

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jueves, febrero 03, 2005

La historia y la ficcion

∑ La historia y la ficción

Vladimir González R.


Habrá distintas maneras de contar la realidad, de reinventarla. La novela histórica, con todo y sus limitaciones, es de esas propuestas para rescribir la historia, para volver a contarla, para reinventarla.

Dicen que la novela histórica se mantiene en el limbo de la literatura y la historia, nadie la quiere agarrar, hacer suya. Tengo la impresión de que los historiadores no le entran porque la historia, dicen, debe ser una ciencia y basarse, claro está, en un método científico. Y a los literatos les puede parecer aburrida porque, al basarse en hechos históricos, se constriñen a la veracidad de los mismos, y no a la ficción.

En el siglo XIX la historia se escribía de acuerdo al positivismo, en boga para entonces. Con el positivismo se pretendía hacer un relato exacto de la realidad, reproducirlo fielmente, sin ninguna explicación. De ahí nace la idea de la historia narrativa, la que sólo se cuenta.

La literatura recorría esos mismos caminos. La novela pretendía ser realista, reflejar la realidad. Por eso la novela histórica proliferó. Muchos relatos literarios se situaban en espacio y tiempo histórico, trataban de contar la realidad.

La novela histórica contemporánea ya no es la misma que la decimonónica. Ahora, con la nueva novela histórica y con el olvido del positivismo entre los historiadores, la historia y la literatura se pueden unir para inventar la realidad, o para hacer realidad la ficción.

Una de las características de la nueva novela histórica es, precisamente, la manipulación conciente el pasado. Claro, queda de cada historiador o escritor contar la historia de la manera que mejor le plazca.

Lo importante, creo, es que el lector de la novela histórica sea conciente de que se enfrenta a un documento literario e histórico, es decir, que no asuma como una verdad indiscutible lo que ahí lee, ni que estalle en ira por las aventuras o pequeñas mentiras que, de acuerdo a las necesidades del texto, invente el escritor.

Además, como dijo Borges, la historia es un subgénero de la ficción.


mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, enero 20, 2005

El gnomo

∑ El gnomo tic…

Un gnomo es el encargado de recordar todos lo días, muy temprano, que la hora ha llegado. Sacude mis cobijas, me descobija, pues, y siento la helada mañana entrar por mis pies. ¡Ah!, me encorajino y tomo la cobija para volver a cubrirme, pero minutos después todo se vuelve inútil, la mañana me aplasta.

Carajo, digo, otro día más.

El gnomo lleva, a cuestas, el tiempo. Lo mide, lo pulsa, lo hace suyo. Recorre grandes avenidas, deambula por las cantinas, entra, también, en la iglesia. Va a donde quiere ir.

Cuenta con parsimonia los minutos, los segundos. Qué habilidad y paciencia para no perder la cuenta, para saber a cada rato, a cada instante, que del uno sigue el dos, llega hasta el sesenta, y comenzar otra vez. Parece un militar entrenado para ser exacto, para apretar el gatillo en el momento preciso, justo.

Acepto que tengo un gnomo, pero lo escondo. Lo último que hice con él fue quitarle la correa, dejarlo libre, como sé que es. Pero el muy condenado se aferra a estar ahí. Lo he aventado debajo de mi cama, le he dicho que se calle, es más, lo programo para que nada diga, para que deje de contar. Pero ese maldito —sí, maldito, tengo ganas de decirlo— regresa porque se sabe importante.

Lo dejo encerrado en mi cuarto, a veces tirado, otras en el buró, junto a la computadora, lo meto en alguna caja, hasta he pensado tirarlo por el retrete.

En la calle veo que todos tienen también uno, pero no saben que es un gnomo. Lo cargan en sus bolsillos, lo andan en la muñeca, hasta en los celulares (maldita sea, caigo en la cuenta de que yo también). Disimulo para no delatar que, inconscientemente, lo he traído en el bolsillo. Cuando me desespero me acerco a alguien y pregunto por el gnomo que andan. Claro que no les digo que es un gnomo, sino pegarían de brincos, lo matarían, y este mundo se iría a la mierda.

(¡Que se vaya!, grito desde el baúl de deseos reprimidos).

Los gnomos, a final de cuentas, hacen de nosotros lo que quieren, y creo que lo que quieren es atarnos, esclavizarnos. Lo han hecho, cabrones. Porque llega la noche, la medianoche, y entonces el gnomo dice duérmete y, por más rejego que me ponga, caigo como siempre hasta el otro día.

(¿Dije que cuando aviento al gnomo debajo de la cama se empecina en saltar a la pared, a la televisión, al modular, a la video?)

¡Maldición, qué necedad de estar atado al gnomo, midiendo el tiempo!


mentas: vlatido@yahoo.com.mx


jueves, diciembre 23, 2004

Cuarto 17 altos

Cuarto 17 altos




Estoy atrapado. Lo que hago es buscar otra vez en el teléfono celular un mensaje, no el que sea, el de ella; no siempre lo encuentro. Otras veces solamente encuentro invitaciones a pedas, algunas las acepto gustoso, en otras prefiero que la gastritis haga su trabajo, que me mate lentamente, que no llegue a año nuevo.

En otras sólo la hora y la fecha, inevitablemente.

Entonces pongo el minicomponente. Hay tres discos. Nata —los excuca— que me acaban de dar en un intercambio de regalos (me vi bien pinche, no voy a decir qué regalé); los Nata, como era de esperarse, tienen el mismo estilo de Cuca, banda que no sé porqué ha comenzado a envolverse en esos halos míticos.

El otro disco es de un grupo reciente, Plástiko. Tocan bien, tienen un estilo entre funk, ska y reggae. Bastón se llama la rola que promocionan, baladita que invita a ponerse meloso, enchamarrarse e iniciar una batalla de piernas, sin importar si hace calor.

El otro disco es de Armando Rosas y la camerata rupestre. Remembranzas de Rockdrigo, de esa época en que se proclamaba el manifiesto rupestre y tomaba fuerza, además, el rock bandoso y el heavy metal.

Mientras escucho los tres al mismo tiempo, me pongo a leer un rato. Terminé Vanterros, de Héctor Cortés y Viaje de Fray Alonso Ponce por tierras de Chiapas, de Antonio de Ciudad Real; leo, actualmente, El proceso, de Franz Kafka y algunos cuentos de Salvador Elizondo.

El zapping es el deporte favorito en mis ratos libres. Nada cuesta ejercitar cualquiera de los dedos, el que más se acomode, para estarle cambiando a la televisión, con la vana esperanza de encontrar, de mera casualidad, algo digno de mirar. Tal vez sí haya, pero me desespero.

Llegará infaliblemente la Navidad, mutable pero viva. Santaclós se embola, pero se multiplica.

Y ahí estaré, atrapado en el cuarto, con el celular en la mano esperando que alguien me avise que en otro lado también todo se ha acabado. Ah, que sueños esos ¿no?


mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, diciembre 16, 2004

In albis

· In albis



A Giss, por sus ricas lecturas

Amanecer un día en blanco. Empezar de cero. Caminar desnudo por las calles, sin la más puta idea del pudor; otear por las tiendas, por las mentadas plazas de Tuxtla, por ejemplo, para que las niñas bien corran a la iglesia, sudorosas, a hacer la señal de la cruz, tomen un par de velas y se las metan por el culo.

O quizá sentarse en la banqueta, en la esquina de una casa de riquillos allá por Los Laureles, con un chingo de caguamas y chupar toda la noche, sin la mierda preocupación de que llegue la tira, se bajen de la camioneta y con esposas en mano apañen al cliente, lo suban y se lo lleven a darle una madriza por el libramiento norte.

Meterse a Vips a comer lo que sea, embarrarse los dedos y llevárselos a la boca, chuparlos, eructar y decir su puta madre, pinche mesera que sabrosa está, guiñarle un ojo e invitarla a coger con un estruendoso eructo, repitiendo la comida barata, light, que se desliza a través de los aparadores de la modernidad, de lo cool.

Entrar en los cajeros automáticos y en vez de retirar paga bajarse la bragueta y orinar en una esquina para esquivar, primero, la cámara vigía y, después, masturbarse ante la mirada complaciente de no sé quién hijodeputa.

Escuchar a Luzbel a todo volumen, presumiendo ese pasaporte al infierno que las monjitas quisieran tener; restregárselo hasta que se quiten las braguitas y se pongan a coger con el sacerdote, desandando el buen camino para tomar esas veredas lúgubres de la promiscuidad.

Darle en la madre a la Navidad y a este pinche capitalismo, emborrachar a Santaclós en “Las pepitas”.

Apagar la tele, que nadie compre más.

Amanecer en blanco y reinventarse, matar a Dios, mandar a la chingada las reglas, la moral, la ética, los valores, erigirse como el súper hombre, ser libre, anarco, punketo, aunque sea un solo día.

Nietzsche, cabrón, estabas loquísimo.



mentas: vlatido@yahoo.com.mx

jueves, diciembre 09, 2004

El corazón no se equivoca

· El corazón no se equivoca



La puerta de la farmacia se abrió lentamente empujada por la escoba. Mara barrió y arrastró la basura hacia la calle. Inmediatamente, con el recogedor, la llevó hasta el bote. Después entró en el establecimiento para atender a Óscar.
—Por favor unas aspirinas.

Mara tomó un banco para alcanzar el medicamento. Al subirse dejó al descubierto sus muslos. Óscar se regodeó por un momento. Apartó la vista cuando ella volteó para bajar con las aspirinas.

—¿Cómo sigue lo de tu corazón? —preguntó.

A Óscar se le iluminaron los ojos pues los doctores le habían avisado, una semana antes, que él seguía en la lista. Estaba feliz y desesperado, todo era cuestión de un par de días más. Al mediodía y en las noches ponía la radio para escuchar la nota roja en los noticiarios.

Esperó que cayera la noche para regresar a la farmacia. Había invitado a Mara a dar un paseo a la orilla del río que atravesaba la ciudad. La noticia y las horas transcurridas lo agobiaban. Ya no aguantaba más, por eso decidió que esa noche haría el intento. A sus 50 años sabía que iba a rehacer su vida. Mara, bella, saludable, joven, con un corazón fuerte, era un buen prospecto.

Ella lo intuía, estaba dispuesta a decir que sí.

En la ribera, tomados de la mano, caminaron hacia una pequeña caída de agua. El chasquido del agua reventando en las piedras y el canto de los grillos los arrullaban. Sin decir palabra alguna, Óscar besó tiernamente los labios de Mara. Ella respondió primero de la misma manera, pero en un arranque hormonal lió su brazo por la cintura de él y lo pegó a su cuerpo intempestivamente. Rodaron en el suelo.

Óscar decidió que había llegado la hora. Su transplante de corazón no podía esperar más.

La puso de espaldas, en el piso, y recogió un leño que estrelló sin miramientos en la nuca de Mara. El golpe seco, contundente, pareció enmudecer la noche.

Al siguiente día, Óscar telefoneó al hospital. Quería saber si ya habían encontrado un corazón para él.



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martes, diciembre 07, 2004

Noche sin luna

Noche sin luna

La intensa lluvia y los rayos hicieron que Tito corriera a casa y mirara, de reojo, el árbol en el que había pensado suicidarse. Oscurecía. Subió fatigado la pendiente hacia su hogar y pensó si su madre tendría ya la cena lista.

Llevaba en las manos la soga con la que todos los días lazaba al Moro, su caballo. Había salido a buscarlo desde el mediodía, después de una noche en que el animal no llegó al sitio, como acostumbraba.

Al salir se despidió de su madre. Ella se sentía orgullosa porque su hijo, de 20 años de edad, rumbo a la hombría, comenzaba a hacerse cargo de la casa. Pero su amor por Ariosto podía más.

En casa, empapado, Tito se recostó. Pensó en la cena y en la voz dulce de su madre llamándolo a la mesa, con el café, las tortillas recién hechas, huevos con carne y chile.

El estruendo de un rayo cercano lo levantó y caminó nervioso hacia el cuarto de su madre. Corrió la cortina y halló la habitación vacía; en las paredes sólo un leve aroma del perfume barato que ella acostumbraba a ponerse en esas fechas importantes, significativas. La llamó quedito, primero. No escuchó ni el ladrido de los perros. Levantó la voz, el olor del perfume se acentuó. Se sentó en la cama y vio, en el piso, debajo de una mesa, el sombrero de Ariosto.

Comprendió la ausencia del Moro.

Cogió la soga y se echó a correr al campo. Miraba, desorbitado, en cualquier dirección, con la esperanza de ver al Moro llevando a cuestas a su madre y a Ariosto. Aguzaba el oído pues siempre creyó reconocer el ruido de las herraduras del caballo al chocar con las piedras.

Sujetaba la soga con fuerza, listo para echarla al cuello del caballo. Todo fue inútil. Después de varios minutos, con paso cansino, agarró el camino rumbo a su árbol, el que había sembrado su padre exactamente el día en que se casó con su madre, el que había elegido para sellar su destino.

—Te dije, madre, que si un día te hacías mujer de ese pendejo, me iba a matar.

Dejó caer una punta de la soga y no cesó de caminar, escuchando los lamentos de la noche; la lluvia se volvió tediosa, el espectáculo de los rayos tampoco lo amedrentaban. Mientras, la soga serpenteaba detrás de él, siguiendo su ineludible camino.

jueves, noviembre 25, 2004

Los discursos de la historia

· Los discursos de la historia

La historia es un instrumento utilizado para someter a los pueblos. Borrar la memoria histórica permite reconstruir otra historia basada en hazañas de los nuevos héroes. Esa es la historia funcionalista, la historia oficial reproducida en los libros de texto y en los medios de comunicación.

Por un lado aparecen los historiadores funcionalistas que buscan mantener, con la difusión de su discurso histórico, un régimen. No importa si éste es una dictadura o un gobierno democrático. Su función es escribir de acuerdo a la circunstancia oficial. Su contraparte son los historiadores críticos, quienes hacen la contrahistoria. Sabedores de su importancia, buscan difundir su trabajo histórico, pero la marisma de información oficial los difumina.

La apuesta del historiador es rescatar la verdadera memoria histórica, escribirla sin compromisos políticos. La memoria colectiva también tiene que mantenerse, resistir ante los embates del discurso histórico oficial. De ahí la importancia de la historia oral, de escribir la historia de los vencidos, las pequeñas historias que identifican, sin manipulación, a los pueblos.

El historiador crítico debe estar conciente de la manipulación histórica. Y también de la divulgación del conocimiento histórico. Tiene que romper la barrera del círculo académico para trascender en la memoria colectiva, para que realmente el conocimiento histórico sea aprehendido por la gente, y no sólo por los intelectuales de la historia. Ese es un reto del historiador crítico, porque el historiador funcional ya lo ha hecho a través de distintos canales de comunicación. Y es que tiene más espacios puesto que al sistema le conviene que el conocimiento manipulado sea difundido.

Y también apelar al colectivo. Dejar de pensar que los pueblos son niños y que no recuerdan su propio pasado histórico. En las comunidades indígenas, a pesar del alto grado de aculturación (que puede entenderse como pérdida de identidad, de memoria histórica) persisten elementos del pasado histórico, no se ha roto completamente con él. El historiador debe potenciar ese conocimiento, hacerlo suyo, reconstruirlo, rescribirlo y devolverlo a la comunidad como un conocimiento sano, vivo, con esperanzas de mantener una memoria histórica auténtica, verdadera, sin la manipulación de los historiadores funcionalistas.

Aunque, huelga decirlo, el conocimiento de la historia es el discurso histórico, y no el hecho histórico. Eso lo han entendido los regímenes, sus líderes se han aceptado como sujetos constructores de la historia. Y de ello se han servido para reconstruir un pasado glorioso o perverso, según las necesidades del sistema al que sirven.


mentas vlatido@yahoo.com.mx

viernes, noviembre 19, 2004

Brujos metaleros

Brujos metaleros



La portada es así: una cabeza sin cuerpo, ensangrentada, exhibida como un trofeo; se nota que al difunto le dieron, en vida, una buena madriza pues tiene el rostro amoratado. El disco se llama Matando güeros y el grupo Brujería.

Algunos dicen que fue una estrategia de mercadotecnia, que la única intención fue vender discos. Otros creyeron que los brujos eran, en realidad, narcosatánicos y que se juntaban a tocar death metal y a fumar un chingo de mota. Lo único cierto es que se creó un mito alrededor de esta banda integrada por latinos avecindados en Estados Unidos y que, además, formaban parte de otros grupos gruesos y metaleros.

Con el disco Matando güeros (Roadrunner, 1993), Brujería entró duro en la escena metalera, sobre todo por el misterio de sus rolas (antiyanquis, breves, oscuras y con infinidad de referencias al satanismo y a la marihuana) y por la identidad de sus integrantes. En sus tocadas Juan Brujo, Güero sin fe, Asesino, Greñudo, Pinche Peach, Hongo y Jr. Hozicón, integrantes de la banda, salían con paliacates en sus rostros, como escondidos de la legalidad y de las buenas conciencias. Aunque, ¿qué integrante de los amigos de Fox se iría a meter en uno de sus conciertos?

Con Matando güeros el grupo ganó fans en México. La letra resume el ultrachovinismo con una mezcla satánica: Gabachos nos usan pa’ limpiar sus culos/ Nos tratan como mierda de puerco/ Tengan huevos y sean hombres/ Un pinche viaje al norte/Siglos pasan y nuestra raza se jode/ Cabrones gabachos /nos dan verga y miada/ Forzados a la pobreza/ Somos pinches mayates/ Tu venganza será tu destino oscuro/ Matando güeros /¡Viva la raza!/ Matando güeros /¡Estilo Pancho Villa!/ Matando güeros /¡Satanás te cuida!/ Matando güeros.

Con letras como esa, y apoyados en la atinada campaña publicitaria instrumentada en revistas especializadas, los brujos inscribieron su nombre en la escena metalera. Llevaron al máximo el espíritu canijo de los metaleros, explotando la rabia y las ganas de mentar madres en un español pobre, incoherente, pero eficiente.

Después vinieron otros discos, como Raza odiada, El patrón o Brujerizmo, con algunos cortes chidos (La ley del plomo), pero otros, la neta, pa’ los perros, como la versión de La macarena.

A varios años de la irrupción el mito se desvaneció, no porque su música haya sido mandada al diablo, sino porque al paso del tiempo, y con sus otras producciones, se supo más ellos. El misterio murió paulatinamente.

mentas vlatido@yahoo.com.mx

viernes, noviembre 12, 2004

Blanco y negro

Era el año de 1986. Ya había terminado el mundial de futbol. El televisor que teníamos, en el que nos chutamos los goles, escasos, de la selección mexicana, se había echado a perder. Creo que ya estaba viejito. Pero era un televisor a colores, Koblenz. ¿Buena marca? Saber, era un niño para comprenderlo.

Mi papá tuvo que comprar otro televisor. Salimos a la carretera a esperar el camión de la mueblería donde lo compró, le hicimos señas para que entrara en la colonia. Lo encaminamos a la casa. El televisor era mucho más pequeño que el anterior. Era blanco y negro. Bueno, en realidad se miraba mucho mejor, sin arroz y con menos interferencia.

Lo prendimos. Fue a tiempo porque en el canal dos estaba anunciada Macario, película basada en el cuento de B. Traven. (Y éste, a su vez, se fusiló a los hermanos Grimm). No hicimos palomitas ni compramos Coca. Simplemente nos sentamos a ver ese aparato que a mí me tenía maravillado, cautivado.

Además, el morbo recorría mi cuerpo. No esperaba ver viejas desnudas, ni vecinas agarradas del chongo, ni guerras, ni mamadas, ni cualquier otro espectáculo real. Lo que esperaba era la película. Sabía de ella porque me pasaba las tardes en casa de la vecina, pegado a la tele.

El primer libro que le robé a mi papá (o que él puso en mi camino) fue Cuentos del hombre a quien nadie conoce, de B. Traven (Son casi los mismos de Canasta de cuentos mexicanos, pero diferentes traductor y editorial). Y ahora vería Macario, uno de esos cuentos, en la telera: el Diablo tentando a Macario; Dios tentando a Macario, la Muerte tentando a Macario.

Claro que para entonces funcionaba al revés. Qué iba a saber de eso que dicen, que el cine echa a perder los textos literarios. Al contrario, yo quería ver a esos seres que solamente me imaginaba, y lo hacía de mil maneras. Por eso sentía morbo, mucho. Y ahí estaba Dios, ese viejo barbón que no necesitaba un trozo de guajolote, (¿para qué, diosito, si tantos borregos pastas); y el Diablo, cabrón de mierda, caminaba orondo por las veredas, ataviado y con un chingo de marihuana (supongo); y la Muerte, otra cabrona de la que se compadeció el Macario. Ni pedo, se lo ganó, como dicen.

Eso y más vi en esa tele que aún conservo en un cuarto deshabitado, a donde van a parar las cosas viejas, pero que todavía sirven. Y el libro, casi mágico, lo conservo junto a Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, otro de los culpables que yo esté escribiendo ahorita. ¡Qué carajos, libros viejos, teles viejas, monocromáticos!

Tráfago

Nadia Villafuerte, Carlos Velásquez, Alberto Martín, Luis Pulido, Javier Toledo, Domingo Flores, Dulce Yaret, plumas que integran el fanzine Tráfago, que anda otra vez en la brega, con su ejemplar número dos.

mentas vlatido@yahoo.com.mx

jueves, noviembre 11, 2004

Televicio

* Televicio
 
 
 
Tener televisión por cable no es una gran ventaja. De los cincuenta y tantos canales que hay, sólo unos cuantos valen la pena. Después, en otra entrega, hablaremos de los que valen la pena.
           
            La espectacularización de la realidad es la apuesta de los medios de comunicación, especialmente de la televisión. Cada vez los contenidos son más banales y tontos. Por un lado, alientan el morbo entre los televidentes con reality shows (el espectáculo de la realidad) como big brother o estrellas de novela (intento fallido por suplir a la famosa academia); y por otro convierten a la información en mercancía, volviéndola, a la vez, en espectáculo (recuérdense las famosas venidas del Papa, o las historias que cuentan, por entregas, de multihomicidas).
 
            Y la gente hace cualquier cosa por salir en televisión, por tener sus minutos, aunque sea unos cuantos, de fama. Una tarde me dispuse a practicar un rato el zapping y encontré, en MTV, un programa llamado Dismissed. Decidí verlo porque había unas mellizas, en bikini, mostrando sin pudor sus carnes para agradar a un tipo que tenía que elegir a una. Ah chingar —me dije— sabrosotas las viejas y peleándose por un tipo guarro. No, yo no lo pienso dos veces, me quedo con ambas.
 
            Las chavas ensayaban sus mejores artimañas para agradar al machín. Y éste, aprovechando la situación, pidió besos, masajes y sobaditas de nalga. Salió, como dicen, más cabrón que bonito. El chiste es que las mellizas hicieron de todo con tal de ganarse al galán. Al final el donjuan tuvo que decidirse por una. A la que no eligió simplemente le dijo: you are dismissed. Púchale, así nomás la mandó a la goma.
 
             Lo que hacen ell@s para salir en la telera. Qué quemada se dieron con los de la cuadra. “Adiós nenorra, conmigo no hay pierde”, les han de gritar. Y en la casa se han de agarrar del chongo.
 
            Ese es el nivel de la televisión comercial. Lo malo, me dije una vez que había recreado las pupilas, es que la televisión mexicana anda por las mismas. Aunque todavía hay mochería. Sino, por qué corrieron a la Madow del gran hermano. Pero allá en España le dio rienda suelta a su arrechura.

 
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viernes, octubre 29, 2004

Simplemente aguardentoso


· Simplemente aguardentoso


Supongo que a nadie le pudo escuchar mentadas de madre durante casi tres horas; tampoco nadie chistó cuando Alejandro Lora, después de una de tantas canciones, se detuvo un momento para mentarle la madre a un espectador que, según él, no cesaba de recordarle a su jefecita; y también supongo que todos al menos tararearon sin pudor las rolas más simples de El Tri que, a decir verdad, son la mayoría.

Qué iba a importar, si el chiste era echar desmadre “como en la secundaria, niños”. Y sí, el desmadre también vale la pena en los conciertos rocanroleros, esos que se alejan concientemente de la poesía y del genio musical. Uno sabe a lo que va, no hay más.

La voz aguardentosa de Lora, fea (sólo pudo haber sido vocalista de El Tri), pidió aplausos, mentó madres, explicó el funcionamiento eyaculatorio de su bajo (eléctrico) y ejemplificó ese pasito que suele practicarse por las noches, o donde nos agarre la urgencia. (De arriba hacia abajo, con los brazos).

EL Tri, que tocó hace una semana en Tuxtla, ha sabido ganarse a ese sector que prefiere las cosas sencillas, sin mucha retórica. Aunque, claro, habrá quienes con razón se avienten el paquete de criticarlo porque no se le puede comparar, por ejemplo, con los grandes gurús mexicanos, españoles o cubanos.

Para ser sincero, y que no se diga que me dedico a escribir ditirambos, sus producciones recientes me parecen una mierda. No sé por qué ese empeño de cantarle a la “virgencita”, ni que estuviera tan buena. (Y fue de las más coreadas, ¡ups!).

Lo mejor es su producción ochentera, con cortes rescatables, como esa del “Vicioso”, “Metro Balderas”, la multichoteada “Triste canción”, “FZ10”, “Seguro de vida” o “Mente roquera”; estos sí son buenos discos: Simplemente, Hecho en México y Otra tocada más, al que debemos de agregar, por supuesto, el En vivo en la cárcel de Santa Marta.

Lo que El Tri supo hacer bien fue volver a poner en circulación temas como “Es lo mejor”, “Blues de la llanta”, “Ya me voy”, “Chavo de onda”, “Oye”, de la época setentera. Digo que estuvo bien porque, aunque se dude, reunió a distintas generaciones de roqueros, como se vio la semana pasada en su concierto.

Demasiado furor

No puede dejar de leer la columna Demasiado furor, del “maese” Esdras Camacho. Reseñas de libros, películas y otras vainas en las páginas de La voz, los miércoles, así como en la revista electrónica Estesur, www.estesur.com.


mentas: vlatido@yahoo.com.mx

miércoles, octubre 20, 2004

Más utopías



· Más utopías



La adopción del neoliberalismo se relaciona con la muerte y construcción de las utopías. Hacia del final de la década de 1980 murió la utopía comunista, al menos como sistema de gobierno. Un mundo mejor, sin diferencias, sin pobreza fue desplumado. El neoliberalismo enarboló esa misma bandera. Propuso construir un mundo en el que abundara la riqueza y, sobre todo, la libertad. Pero sin resolver las contradicciones del capitalismo. Sí, es una utopía, pero construida por unos cuantos.

La aceptación del neoliberalismo se debió a la adopción de la esperanza del bienestar material. Habrá dinero para todos, el avance tecnológico nos alcanzará, el librecambio nos beneficiará: todo con la finalidad de perpetuar el capital monopólico.

La nueva oleada liberal apuesta por la reducción de la participación del Estado en el orden económico, pero también en lo social. Es el sueño de los neoliberales y de quienes creen firmemente en él. Pero esta postura encierra una contradicción. Una de las consecuencias del neoliberalismo es el incremento de la pobreza y por lo tanto del descontento social. Para seguir perpetuándose, los gobiernos neoliberales tendrán que recurrir al autoritarismo. Y es que el neoliberalismo no resuelve las contradicciones por todos conocidos del capitalismo. Al contrario, las acentúa.

La libertad individual también encierra una contradicción. En el neoliberalismo tampoco hay opciones para decidir. El sistema presenta una serie de opciones que siempre llevan a lo mismo: al consumismo. Moldean al hombre deseable para el consumo, fenómeno neoliberal por definición.

La libertad y la igualdad que cacarea el neoliberalismo son en esencia sus antivalores. Es una libertad imaginaria que siempre lleva al mismo fin; es una igualdad que no reconoce las condiciones materiales, solamente reconoce la misma oportunidad de competir.

El sistema se vale de múltiples artimañas para perpetuarse. Es un sistema que corrompe, que propicia el individualismo, la satisfacción personal, que crea nuevos dioses. Es un sistema engañoso.


Polilla

El lunes de esta semana apareció, en las páginas de La Voz del Sureste, el suplemento Polilla, editado por el Colectivo Gambusino, integrado por historiadores en ciernes. Será un suplemento que verá la luz cada quince días. Un agradecimiento al buen Ciro Castillo y en general a este medio, por abrir espacios.


mentas: vlatido@yahoo.com.mx

martes, octubre 12, 2004

El Personal ni de relajo iba a misa


· El Personal ni de relajo iba a misa


No es necesariamente ácido lisérgico combinado con una gran dosis de humor lo que produce el placer de El Personal. Pero sí es acidez y sí es humor lo que corre por las liras de este grupo que ha quedado, con justa razón, para la historia.

Aparecieron con ritmos y canciones diferentes, combinando reggae, rock guapachoso, foxtrot y bolero con la voz peculiar del buen Julio Haro. Pero las letras, esas sí que son chidas: deambulan, a simple vista, por lugares comunes para caer en la crítica picante y súper divertida que, con la música, se convierten en un gran festín para los oídos de cualquiera.

Poco a poco los de El Personal se fueron acabando, muriendo. Pero dejaron huella en la escena del rock que se hace en México. Este grupo, de Guadalajara, apareció formalmente para la industria, en el buen sentido de la palabra, con el disco No me hallo, en la segunda mitad de la década de 1980. Era la época en que los medios comenzaban a legitimar el movimiento contracultural, pero también la época en que aparecieron, a mi gusto, las leyendas que forjaron nuestros gustos decibélicos.

Bien divertidos bordearon límites existenciales como ese de “no me gusta ni la escuela ni el trabajo, no me gusta ni la lucha ni el futbol, no voy a misa ni de relajo, no me consuela ni la mota, ni las pastas ni el alcohol”; o dieron lecciones para ligar nenas sabrosas, quizá apretadas, con “yo lo que quiero contigo es asunto muy aparte, es a picarte el ombligo a lo que aspiro yo tanto (…) dale de comer al conejito”; y qué decir de las que se hacen pendejas, “no te hagas, que a ti te está pasando lo mismo que a mí”; y para cerrar, la antiesnobista ecológica Nosotros somos los marranos con “hay que llenar el mar de orines para acabar con los delfines”.

No me hallo es el único disco infaltable de El personal. Los demás, Melodías inmortales (éste más o menos se defiende) y La última y nos vamos son como las segundas partes: chafas, malas, feas, quizá porque esperamos la misma frescura ácida de las letras y la voz de Haro.

Los sobrevivientes del grupo quisieron hacer esas segundas partes, bien intencionadas, pero tuvieron que comprender que como el primero no hay dos. Y sí, aventaron la toalla en una sabia decisión y dejaron que la leyenda hablara por sí sola.

Alipuzz

Ya circulan por ahí las letras embriagantes del Alipuz, fanzine cursi y rocanrolero. Su dirección electrónica es www.alipuzz.cjb.net, por si alguien quiere echarse un clavado mareador.

www.ucroniazz.blogspot.com
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jueves, octubre 07, 2004

Viejo indecente

·        Viejo indecente
 
 
 
Irreverente, anarquista, valemadrista, cogelón, bolo, mariguano, pedante, y mienta madres, Charles Bukowski es heredero de la literatura beat. Su obra se nutre de una realidad asfixiante, de una sociedad denigrante y corruptora. Hace crudos retratos de personajes urbanos: putas, mendigos, borrachos, jugadores, drogadictos, etcétera; expone la condición humana. Es, dicen, un escritor maldito.
 
Es chingón.
 
Hay a quien no le gusta. A algunos les caga leer sobre mamadas, cogidas y pedas. A otros les puede su no literatura, su estilo despreocupado que en nada se parece, por ejemplo, a la depurada técnica de los mejores best sellers.
 
Su obra circula por el subterráneo mundo de las letras. Ahí, en las cañerías donde libremente se gestan expresiones musicales, plásticas y literarias, es bien acogida. Pero a Bukowski qué le importaba si era leído o no por la crítica, por las buenas conciencias. Su obra fue más famosa en Europa o en Latinoamérica que en Estados Unidos. Los gringos, con su doble moral (religiosa y promiscua, mesiánica y subyugadora) no soportan la crítica desde adentro de su suciedad. Pero a él sólo le interesaba contar ese bajo mundo por el que anduvo. Su alter ego, Henry Chinasky, aparece en sus cuentos y novelas bebiendo trago, buscando mujeres y despilfarrando el poco dinero con el que contaba. Y así era Bukowski, una especie de gurú contracultural.
 
Sus textos encontraron resonancia en la cultura punk, resistente y destructora por antonomasia. Se convirtieron en la expresión de una generación posmoderna caracterizada por el desencanto, la desilusión, la anarquía y la negación del futuro. (Theres is not future, llegaron a decir los principales grupos punketos, como The clash y Sex pistols). Por eso vivieron el presente, lo gozaron haciendo una decidida apología a las drogas, al sexo y al rocanrolito (sé que es una frase hecha, pero es buena).
 
Anagrama, editorial española, publica y distribuye sus obras en México. Lo único malo es que en las traducciones abunda la jerga ibérica. Su prosa es exquisitamente pedante, pero los modismos españoles la ensucian. Proliferan palabras como follar, polla, hostia, coño, tío.
 
 Pero a fin de cuentas eso poco importa.
 
 

mentas: vlatido@yahoo.com.mx