Oficio de tinieblas

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sclc/vlátido

lunes, abril 21, 2008

Días de burócrata

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· Días de burócrata


El licenciado José Arcadio tomó su verga, la sacudió, cerró el zíper y volvió a la mesa del restaurante donde comía. Con sus compañeros de trabajo, pulcros todos ellos, bebía grandes tragos de licor mientras de las pantallas gigantes se escuchaba el tiritititonadamás.
—Métela pinche güey, para eso te pagan la lana del mundo —gritaba y de su boca salían escupitajos.
El licenciado José Arcadio no estaba satisfecho, algo andaba mal. Cada trago de licor le parecía una mentada de madre. Hace ya tiempo, decía a sus compinches, los buchazos de güisqui le sabían a mierda. Sus bebedores amigos, medianamente letrados algunos, decían que se dejara de pendejadas, no porque su nombre sonara a alguna novela del Gabo tendría que andarse con absurdos.
—No mi lic, eso déjalo para esos escritores modositos que seguro leyó tu papá mientras cogía —le decían.
A pesar de los reclamos de sus amigos, el licenciado José Arcadio no dejaba de sentir cierta desesperación. A veces pensaba, otro absurdo, que regresar a la monotonía de antes le ayudaría superar su actual estado de insatisfacción. Recordaba días de burócrata, los suyos, pasados al fin, cuando la banqueta era su cantina. Su nueva cotidianidad, ahora fastidiosa, le exigía mirar sus orígenes, hacer lo de antes.
Examinó su vestimenta; notó, con desagrado, que había abandonado sus camisas baratas por unas que, supuestamente, le daban mejor aspecto; incluso, en alguna ocasión, había decidido asistir con corbata a su nueva oficina. La ropa que en ese momento llevaba puesta comenzó a asfixiarlo. Hilillos de sudor corrían por su frente, resbalaban, surcaban su rostro.
Se había quedado callado, absorto, ahora, en sus pensamientos, mientras sus compinches, después de señalarle sus pendejadas, seguían atentos al partido de futbol en la pantalla gigante.
—Estás pálido, licenciado —le dijo uno de sus compinches.
Al sentirse descubierto, el licenciado José Arcadio se sintió invadido por la angustia. Con el pretexto de ir de nueva cuenta al baño, abandonó el restaurante.
Varias cuadras más adelante, donde vio la oportunidad, se sentó en la banqueta y destapó una cerveza de las seis que compró en su huida. Al beber le vino la calma al cuerpo, vio de reojo el árbol de la esquina.
Mientras sacaba su verga para orinar, parado al pie del árbol, añoraba, ahora, que alguien le dijera pinche José Arcadio.


Zapping

¿Alguien podrá decirle a Felipe Calderón que vaya y chingue a su madre? Lo triste, aunque la chingue, es que su maquinaria no se detiene, no hay quien le ponga freno. Dicen los futuristas, ojalá sea cierto, que a este sistema le quedan la cantidad suficiente de años para verlo morir.


mentas: vlatido@gmail.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya estuvo... los dos fanzines. porcierto hay te dejan un recado en mi página jikarakultural, una exalumna tuya.
me robaré unos textos para ponerlos en la otra revista. Con tu permiso

Deco dijo...

Que buen blog, se ve que eres muy critico y que te gusta la satira...


Tengo un blog que habla sobre unas historias de mi vida, algunos poemas e imagenes, se que te va a gustar por eso mismo te lo digo espero que lo veas y dejes tus comentarios...

Ana Gabriela dijo...

hola mayestro, estube leyendo sus escritos, me gustaria estar en contacto no se de que menera podria hacerme llegar sus escritos ami correo o por lo menos abise caundo publique algo nuevo va!!!

vLadiMir goNzÁlez dijo...

Saz Gabi, te lo envío a tu correo. Un abrazo.