Oficio de tinieblas

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sclc/vlátido

miércoles, noviembre 01, 2006

Tuxtla makes me happy

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Tuxtla makes me happy



Acá, en Tuxtla, la noche, dicen, puede ser espectacular. A mí ni me digan, aborrezco las cadenas de los antros y la gente nice, bien vestida, con camisas y pantalones a la moda y el pelo engomado. El día me parece más interesante. Me gusta, por ejemplo, lanzarme al futbol. La cantina “Víctor Manuel Reyna”, ¿la conocen?, tiene una pantalla gigante a la que llaman estadio. Nadie escucha a los comentaristas acartonados, y no pasan ni repeticiones ni comerciales. Chido. Narramos el partido entre todos. Eso se llama democracia: las mentadas de madre valen lo mismo que el análisis filosófico, pedante, del juego. La diferencia es que las primeras me divierten, ¡y un chorro!
Afuera, al final, los taquitos sirven para que la cerveza amarre. Comemos en medio de perros hambrientos, huesudos, que husmean debajo de las mesas. Basta una patadita para establecer un diálogo amistoso, casi fraternal, con ellos. No falta quien hace el esfuerzo por aprender a ladrar, y como recompensa recibe un taco con salsa, cebolla y cilantro.
El efecto postestadium significa una ruta sobre la Calzada a la Ciudad Deportiva hacia el Artículo 115; enfrente hay una tienda Oxxo y el bar Boca Denosequé, contra esquina un depósito. Es el crucero de la chelicidad. La parada es obligatoria: al menos se tiene que beber un sixto de Modelo por persona, departir y compartir churros, meadas y guácaras. La fiesta se arma con tambor y pito, en círculo, y bailado parachiesco.
Ahí también es el punto de partida, hacia cualquier lado, en busca de cantina. Yo camino hacia la gasolinera “El Vergel”, con sus obligatorias paradas a la vera del Sabinal para tirar el miedo amarillo. En el trayecto compro más cerveza y chuleo a las jaguarcitas que abandonan el estadio, y también a las chicas Sol y Superior. Una de ellas, sola en una esquina, se siente observada, se hace pijiji con el celular. “Amorcito, plis, apúrate que hay un pinche borracho molestándome, ¡aich!” Maquino malvadezas: me bajo la bragueta, la invito a una ducha dorada.
Poco a poco el hormiguero amarillo, esos aficionados de cepa de los Jaguares, parece disolverse. Avanzo hacia la Segunda Norte, a la altura de la 16 Oriente. Bar May. Un par de años antes se entraba por la tienda de abarrotes de al lado. Por eso le llamaba La Tiendita. Espacio cerrado, huele a orines. Calor. La caguama es bien fría. Ahí nadie dice “hello, ¿me entiendes?” El camarón con bigotes, salado; chile y cebolla viejos. ¿Importa a estas alturas? Solamente para picar. Quesillo y carne molida. Más caguamas.
Más tarde, ya noche, a la vuelta, sentado en la banqueta bajan las últimas caguamas. El árbol de la esquina es mi toilet, servicio exprés; diseño ergonómico. En la banqueta las ideas son plurales, y peregrinas. Abordo un taxi, a Estrés, por favor. En la entrada dos tipos la hacen de tos. No me quieren dejar pasar con huaraches, mucho menos bermuda. Argumento más pendejo no había escuchado. Bolo impertinente les miento la madre. Y qué, si Tuxtla, de día, me hace feliz.

mentas: vlatido@gmail.com

4 comentarios:

el magno dijo...

jajaja, esta genial, no me lo imagino bolo, chancludo, en bermuda, pedande y meado, pero igual me agrada; no se por que me traera recuerdos de mis compñeros de prepa...
saludos y visite mi blog, !ha¡ y vuelva a votar por mi foto...

Vladimir González dijo...

Pues de la prepa para acá esto había sido un continuum, pero ya ves, llegan los años y el día no siempre alcanza. Por cierto, ¿cuál es la dirección de tu blog?

el magno dijo...

jaja pues está bien, "tuxtla de día me hace feliz" (siempre y cuando no sea en los meses de marzo-mayo)
este es mi blog: http://aquienleresponda.blogspot.com/

Vladimir González dijo...

Hey: los meses de marzo, abril y mayo son los que más feliz me hacen, nos hacen a los amantes de baco! ¿A poco no?